Y me despierto otro domingo por la mañana, pero esta vez con una visión más optimista del mundo. Odio esos pequeños problemillas de la vida a los cuales les damos mucha importancia, pero que finalmente nos damos cuenta de que no valían la pena. Sigue habiendo dolor en el corazón, pero hemos madurado y aprendemos a controlar esos sentimientos y a darle la importancia que merecen. Y nos damos cuenta de que sufrir por otra persona a la que no le importamos, no tiene mucho sentido.
Me levanto de la cama y pongo Cadena 100, justo en el momento en el que comienza la sencilla canción de Amaral “Tarde de Domingo rara”, mientras que me asomo a la ventana y observo las pequeñas vidas que se mueven bajo mis pies. Cada una de ellas con sus problemas, unos más grandes que otros, pero siempre problemas. Y como dice la cantante morena “Sinceramente da lo mismo”. Y esta entrada del blog no va solamente por mis sentimientos, si no por los de las personas que me rodean, que conviven conmigo día a día y que sufrimos todos juntos nuestros pequeños y grandes problemas, pero eso sí, problemas. Porque nos ayudamos mutuamente y salimos adelante, y eso es lo más importante. Y a todas esas personas va dedicada esta entrada, porque sin ellos no sería nada y no me podría levantar cada mañana. Simplemente decir ÁNIMO y GRACIAS.
